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Pagar caro para liberarse: la paradoja de la deuda en Colombia

Por estos días, el Gobierno del presidente Gustavo Petro ha defendido como un logro el pago anticipado de compromisos con el Fondo Monetario Internacional. La narrativa oficial habla de soberanía económica, de liberarse de ataduras históricas y de recuperar margen de maniobra en la política fiscal. Pero, como suele ocurrir en economía, el diablo está en los detalles.

La pregunta de fondo es incómoda: ¿tiene sentido pagar deuda relativamente barata para asumir nueva deuda más costosa?

Durante años, los créditos con el FMI han tenido tasas inferiores a las que Colombia puede conseguir en los mercados internacionales, especialmente en contextos de tasas globales elevadas. Si, como señalan varios analistas, parte de esos compromisos se cancelaron utilizando financiamiento nuevo con intereses más altos, el resultado no es necesariamente una liberación, sino una sustitución: cambiar una obligación más barata por otra más cara.

El Gobierno argumenta que no todo se reduce a la tasa de interés. Hay factores políticos y estratégicos: menor dependencia de organismos multilaterales, mayor autonomía en decisiones internas y un mensaje simbólico hacia su base política. Y en eso hay un punto válido. La economía no es solo técnica; también es narrativa y poder.

Sin embargo, la sostenibilidad fiscal no se construye con símbolos. Se construye con números. Y esos números, tarde o temprano, pasan factura. En un entorno global donde el crédito es cada vez más costoso y los mercados son más exigentes con las economías emergentes, encarecer el perfil de la deuda puede convertirse en un riesgo innecesario.

Más allá del debate ideológico, lo que está en juego es la coherencia de la política económica. Si el objetivo es aliviar la carga financiera del país, la estrategia debería apuntar a reducir costos, no a incrementarlos. Si el objetivo es político, entonces es válido decirlo con claridad, pero también asumir sus consecuencias.

Porque en economía, a diferencia del discurso, no basta con cambiar el acreedor. Lo que realmente importa es cuánto cuesta la deuda y quién termina pagándola.

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